Aún tengo en mi memoria la hermosa sonrisa de la srta. Angélica, suave y tierna, ella se dirigía hacia sus alumnos de primer grado. Era el primer día de clases de mi vida, ya que gracias a la gentiliza de mis padres yo no había cursado el jardín ni el preescolar, y en ese preciso instante estaba aprendiendo a ser navegante en un mar que nunca abandoné: LA ESCUELA. Y cuando digo que no la abandoné es real, ya que comencé a los seis, cursé primaria-secundaria, empecé a trabajar como auxiliar docente, inicié mis estudios terciarios y universitarios, y continué desde entonces trabajando en ese medio en el cual me siento pez en el agua. Volviendo a mis primeros pasos, fue emocionante trazar los primeros garabatos, me acuerdo tan patentemente cuando iba caminando por la calle con mi madre y le leía uno por uno los carteles, había encontrado un nuevo mundo; tal como hoy lo hace mi pequeña hija. Cuadernos sumamente prolijos, renglones de A, grafismos, símbolos patrios, guardapolvo blanco y cinta azul al cuello, cabello recogidísimo, pulcritud, y las aulas con pupitres de madera, campana en el patio y recreos tranquilos. Luego de tener tres años seguidos a la srta. Angélica, pasamos a otra historia donde la severidad y la firmeza vinieron de la mano de Ema, Ofelia, Marisa y Alejandra; todas ellas con trato muy distante recuerdo, ocupando un lugar central donde conducían y nunca me hicieron pensar. Al poner la palabra problema en el pizarrón automáticamente sabíamos que habría una cuenta que develaría el secreto sin entender el porque. Al llegar los 80’ y con el advenimiento de la democracia comienzo a transitar mi escuela secundaria, donde encontré grandes docentes que se convirtieron en referentes de mi hacer cotidiano. Tengo guardadas palabras y reflexiones, que hoy comparto con mis alumnos. Fui dichosamente a una escuela donde innovaban sobre las estrategias para el mejor desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje. En mí recorrido por las aulas del nivel terciario y universitario, encontré de todo un poco, gente con ganas de hacer las cosas bien y otras de las que no tengo un solo recuerdo. Gente que reproducía textos y otras que amaban su trabajo y disfrutaban educando. Lo mejor que me puede pasar es seguir disfrutando día a día de seguir siendo alumna.
Qué linda imagen, Patricia!
ResponderEliminarEstoy ansiosa por leer las patohistorias.
Cariños!
Voy a compartir un escrito acerca de mi itinerario escolar. Espero que les guste.
ResponderEliminarRecuerdos de mi Escolaridad
ResponderEliminarAún tengo en mi memoria la hermosa sonrisa de la srta. Angélica, suave y tierna, ella se dirigía hacia sus alumnos de primer grado. Era el primer día de clases de mi vida, ya que gracias a la gentiliza de mis padres yo no había cursado el jardín ni el preescolar, y en ese preciso instante estaba aprendiendo a ser navegante en un mar que nunca abandoné: LA ESCUELA.
Y cuando digo que no la abandoné es real, ya que comencé a los seis, cursé primaria-secundaria, empecé a trabajar como auxiliar docente, inicié mis estudios terciarios y universitarios, y continué desde entonces trabajando en ese medio en el cual me siento pez en el agua.
Volviendo a mis primeros pasos, fue emocionante trazar los primeros garabatos, me acuerdo tan patentemente cuando iba caminando por la calle con mi madre y le leía uno por uno los carteles, había encontrado un nuevo mundo; tal como hoy lo hace mi pequeña hija.
Cuadernos sumamente prolijos, renglones de A, grafismos, símbolos patrios, guardapolvo blanco y cinta azul al cuello, cabello recogidísimo, pulcritud, y las aulas con pupitres de madera, campana en el patio y recreos tranquilos.
Luego de tener tres años seguidos a la srta. Angélica, pasamos a otra historia donde la severidad y la firmeza vinieron de la mano de Ema, Ofelia, Marisa y Alejandra; todas ellas con trato muy distante recuerdo, ocupando un lugar central donde conducían y nunca me hicieron pensar. Al poner la palabra problema en el pizarrón automáticamente sabíamos que habría una cuenta que develaría el secreto sin entender el porque.
Al llegar los 80’ y con el advenimiento de la democracia comienzo a transitar mi escuela secundaria, donde encontré grandes docentes que se convirtieron en referentes de mi hacer cotidiano. Tengo guardadas palabras y reflexiones, que hoy comparto con mis alumnos. Fui dichosamente a una escuela donde innovaban sobre las estrategias para el mejor desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En mí recorrido por las aulas del nivel terciario y universitario, encontré de todo un poco, gente con ganas de hacer las cosas bien y otras de las que no tengo un solo recuerdo. Gente que reproducía textos y otras que amaban su trabajo y disfrutaban educando.
Lo mejor que me puede pasar es seguir disfrutando día a día de seguir siendo alumna.
Hola Patry: bienvenida al mundo blogspot!!! Que lindo desempolvar recuerdos de la infancia.
ResponderEliminarBesito
tus relatos me traen muchos recuerdos de mi paso por la escuela.. gracias por traerlos a la memoria!!
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